La acción de divorcio

Para iniciar el divorcio, hay que plantear, con la ayuda de un abogado, la acción de divorcio. Ésta demanda irá acompañada de una propuesta de las medidas que hayan de regular sus efectos: propuesta unilateral, convenio regulador o resolución del procedimiento de mediación familiar. La presentación de la demanda puede tener carácter convenido o contencioso y, a su vez, el ejercicio convenido de la acción de divorcio puede ser inicial u originario y sobrevenido. Esta acción es personalísima, por lo que no se puede transmitir a los herederos.

La acción de divorcio puede ser solicitada por ambos cónyuges, y solo se extingue por la muerte de cualquiera de ellos o por su reconciliación, que deberá ser expresa cuando se produzca después de interpuesta la demanda. La muerte de uno de los esposos es el modo natural de disolución del matrimonio. La reconciliación se configura propiamente como renuncia a la acción.

Nuestro Código Civil exige que para que la reconciliación tenga lugar una vez solicitado el divorcio, deberá ser expresa cuando se produzca después de interpuesta la demanda. Por tanto, la reconciliación antes de sentencia firme, sí tendrá efectos; pero si es posterior a la sentencia de divorcio no tendrá efectos legales, pudiendo contraer nuevo matrimonio.

El efecto primordial y propio de la sentencia firme de divorcio es la disolución del matrimonio. En relación a este efecto típico de la sentencia, el artículo 89 del Código civil precisa que la disolución del matrimonio por divorcio sólo podrá tener lugar por sentencia que así lo declare y producirá efectos a partir de su firmeza. La sentencia de divorcio produce, desde su firmeza, efectos inter partes y respecto de los terceros que la conozcan, pero respecto de los demás no perjudicará a terceros de buena fe hasta que no se inscriba en el Registro Civil.

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